Yo me quedo en casa

la infección del mercado

La pandemia de la injusticia social

A propósito de la infección mundial a causa del coronavirus (COVID-19).

"El río de la historia nunca deja de correr, a veces serenamente, a veces de forma impetuosa. No tememos las tormentas ni los escollos. Inflexiblemente, China se adhiere al camino de desarrollo pacífico, resguarda la paz mundial e impulsar el progreso conjunto de todos los países. Estamos dispuestos a unirnos con los pueblos del mundo para construir «la Franja y la Ruta», promover la realización de la Comunidad de Destino de la Humanidad, y trabajar sin cesar con miras a un brillante futuro del ser humano."

Xi Jinping

Publicado: 2020-03-25


Hace unos días me dirigía hacia una reunión, me percaté de un fuerte olor a alcohol y me animé a preguntarle al conductor. Este me respondió que era una colonia que usaba para protegerse del coronavirus, esta nueva enfermedad infecciosa que asola al mundo, le consulté si me podía regalar un poco (tenía curiosidad). Asintió con la cabeza y lo tomé, cuando pude limpiarme las manos, me percaté que era una colonia sin características desinfectantes. Le dije, señor sabe usted que esto no lo protege de nada, que es un efecto placebo lo que siente y que se encuentra muy vulnerable por su edad y la actividad propia de su trabajo. Me miró fijamente y me dio la razón: "Si pues, me ofrecieron alcohol en gel pero estaba 15 soles, eso que tu vez me costo 5 soles." Me quedé pensando en si seguir con la conversación y acto seguido respondí con un monosílabo.

Los virus no se pueden detener, de hecho, conviven con nosotros y hasta ayudan en el equilibrio de la naturaleza, no son nuestros enemigos ni mucho menos. Queda en nuestra responsabilidad saber administrarlos cuando causan daños a la vida, para esto hay científicos que deberán pronunciarse oportunamente, yo me reduciré a comentar algo que recobra especial importancia en este escenario de histeria colectiva: la salud pública. Muchos economistas nos hablan de las maravillas del mercado, de la supremacía de lo privado sobre lo público, que hablar de servicios estatales es anacrónico. Hoy todo esto se ve derrumbado por la abrumadora realidad, pues, la salud de unos depende de otros, nadie puede garantizar ser inmune a la infección, todos corremos el mismo riesgo y dependemos de la higiene de los demás para nuestra tranquilidad.

Se calcula que aproximadamente 8 millones de peruanos no tienen acceso a agua potable. ¿Cómo se van a lavar las manos estas personas? ¿Quienes van a solventar sus gastos si es que ordenan cuarentena? Miremos el país, tenemos una economía mayoritariamente informal, con trabajadores que ganan por día y no podrían resistir ni 3 días sin percibir ingresos. ¿La ministra de economía ha previsto en sus cálculos al estibador del Callao? ¿Al ambulante de Gamarra? ¿Al pescador de Tumbes? ¿Al campesino de Junín? Este es el Otro Perú del que nos habló Matos Mar, un Perú que viene a buscar al Estado que lo rechaza, pero en esta historia no son los indígenas los que están en riesgo, en la selva ven con asombro como los limeños se pelean por papel higiénico, saben muy bien que difícilmente llegará este virus a su comunidad, más bien, les preocupa el dengue que si mata a los suyos. Por primera vez en la historia del Perú moderno, las clases acomodadas tienen miedo, pues el dengue solo mata a los que no tienen agua, pero el coronavirus mata a todos. ¡He ahí la razón de la histeria colectiva! Su alarma moviliza a la prensa, incentiva a que el gobierno tome medidas drásticas, les preocupa sus negocios y ya anuncian disminución en el crecimiento económico a modo de amenaza si no les exoneran los impuestos.

En el fondo, y como en todo, este es un tema de clase, hay 12.288 casos de dengue confirmados en el Perú y 1 de coronavirus, 22 muertos a causa de uno y 0 causa del otro. Con las próximas medidas del Gobierno tendremos la evidencia material de que el país no ha sido preparado para afrontar una crisis, que la clase dominante ha proyectado sus miedos a los demás, que nuestro sistema de salud antes de la llegada del virus ya estaba colapsada, y que a nadie le importaba la salud de los demás porque tenían seguro privado, hoy al enterarse que su vida depende de la higiene de otros, recién abanderan campañas de lavado de manos.

El taxista al finalizar nuestra conversación me dijo algo que recordaré como lo más impactante de esta tragedia: "Los pobres no tenemos seguro médico, le rogamos a Dios que nos proteja, ojalá el sol desinfecte mi camino." El sol no va desinfectar nada, ni Dios creo que pueda ayudar mucho, las iglesias a nivel mundial han llamado a sus fieles a seguir las recomendaciones de los científicos. ¿Entonces quién va proteger a estas personas? Nadie, las religiones les dan consuelo pero no soluciones, los estados les dan esperanza pero no garantía. Algunos morirán y otros se recuperarán, pero la lección debe quedar, la salud no es una suscripción a la EPS, es un sistema predominantemente público que debe asegurar la vida de cada peruano sin importar su condición socioconómica.

La pandemia de las desigualdades es la que tiene mayor porcentaje de mortalidad, ojalá podamos comprender ello y transformar nuestro país hacia un Nuevo Perú. Es una tarea digna de una nueva generación como diría Mariátegui.


Escrito en la ciudad de Lima el 8 de marzo de 2020, días después de conocerse el primer contagio de coronavirus en el Perú.


Escrito por

Marco Jeanpaul Apaza Gonzales

Sec. Comunicaciones en la Federación de Estudiantes del Perú - FEP. Estudiante de Derecho en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.


Publicado en

Edificio República

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